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Arista de Guergues – Playa de Masca – Los Gigantes

Textos: Carlos Antolín Carruesco | wildcanarias.com

 

Ver a través de tus ojos transforma estos viejos paisajes en algo extraordinario…

Posiblemente si me preguntasen por un paisaje en concreto, una visión que dibujara en la retina el concepto preciso de naturaleza extrema, violenta y al mismo tiempo armoniosa e hipnótica, ese paisaje sería Masca, un inmenso e interminable macizo de lava que se precipita sin previo aviso ante un Océano que dormita en la más absoluta de las calmas, un azul Atlántico domesticado y sumiso ante esta inmensa muralla de piedra; alcanzar el abismo hace que la vista enloquezca de emoción, Los Gigantes!, un reino de inmensas grietas y paredes fantasmagóricas donde el vacío reina, una atmósfera de quietud eterna y ensordecedora que te invade y te arrebata de por vida el olvido. Es desde la punta de Guergues que buscamos un posible camino que nos conduzca hasta la mismísima playa de Masca, cientos de metros de altura ante un reto laberíntico donde la incertidumbre nos acompañará hasta pisar el mismísimo arenal de Masca, arenal casi inexistente a causa de la marejada.

Casas de Araza (970 metros de altitud) – origen de la ruta

Nos adentramos en la dorsal en dirección a las casas de Guergues, antiguas casas casi a ras de acantilado que servían de cobijo a los agricultores cuando aun se trabajaban los cultivos, no han pasado tantos años desde aquella época en que los bancales sostenían los frutos de la tierra; las panorámicas que se abren desde las casas de Guergues son brutales, la magnitud del entorno eriza todos los sentidos.

Nos adentramos en el macizo de Los Gigantes desde la dorsal más expuesta y elevada de Teno, un Guergues abrupto y afilado como un cuchillo que divide los profundos barrancos del Natero y de Masca; la erosión provocada por incontables siglos de violentos fenómenos atmosféricos propició estas monstruosas crestas y estos profundos surcos hacia un Atlántico habitualmente manso por esta vertiente de la isla; Tenerife sorprende por su climatología tan radical y dura. A las 6 de la mañana en la localidad de Santiago del Teide los cinco grados se desmoronaban hacia los cero grados ante un viento furioso y gélido que nos obligaba a vestirnos capa tras capa como si nos encontrásemos en los mismísimos Alpes, la sensación térmica nos sumía en una pesadilla real de un Tenerife, que cuando no lo conoces, se piensa constantemente en verano, sol y calor, pero la realidad aquel día era otra muy distinta; tras refugiarnos en nuestro habitual bar de siempre, El Café de Santiago del Teide, desayunamos tranquilamente antes de partir hacia las casas de Araza, casas situadas a 970 metros de altitud, el viento y el intenso frío serán los protagonistas a lo largo de estas tempranas horas de la mañana. El paso de las horas provocará la habitual inversión térmica que nos llevará a terminar vestidos de verano y literalmente achicharrados por un inclemente aunque bienvenido sol, los contrastes de Canarias son extremos, y las temperaturas, así como los fenómenos atmosféricos, pueden coexistir todos como una orquesta sinfónica bajo esta isla de mil contrastes: lluvia, sol, nieve y niebla dependiendo de donde uno esté: Adeje, Vilaflor, Las Cañadas del Teide, Puerto de La Cruz, La Laguna, Los Cristianos, La Esperanza, Erjos, Masca!.

Arista de Guergues
Tras dejar atrás las casas de Araza nos adentramos en la dorsal de Guergues.

Alcanzadas las casas de Guergues rodeadas de viejos y semiderruidos bancales, bancales cuya función eran la de ganar terreno horizontal a un terreno de tendencia suicida hacia lo vertical; en estos abandonados cultivos reaparecen tiempos pretéritos, tierras extremas que sustentaban la vida en Teno, un modo de vida ya inexistente en la memoria del presente, bancales y casas en ruinas de un presente agrícola prácticamente desahuciado; te das cuenta de la dureza de unas no muy lejanas décadas donde se trabaja de sol a sol en unas condiciones realmente duras si querías comer, pero comías; el solo hecho de llegar hasta aquí ya ha implicado un esfuerzo considerable, no imagino ya, trabajar estas tierras alejadas de cualquier comodidad bajo el capricho de una naturaleza muchas veces cruel, caprichosa e inclemente; La actualidad ha debilitado y condicionado la independencia del hombre que cada vez más alejado de la tierra el mismo plantó sin saberlo su propia cruz; un hombre debilitado y ultra protegido ante un Estado del Bienestar que en demasía nos ha transformado en ociosos y sin capacidad de esfuerzo.

Tras los últimos bancales solo aire y azul. Empezamos a buscar una posibilidad, un camino, una meta: la playa de Masca.

En la punta de Guergues la tierra se desploma ante un lejano azul, el camino desaparece y el descenso es una constante incertidumbre ante las escasas debilidades de una pared que ofrece un débil “camino” cuyos pasos en extremo expuestos nos van descendiendo hasta alcanzar el cauce y barranco de Masca; 700 metros de altura separan las casas de Guergues de nuestro objetivo final, la playa de Masca, un descenso vertiginoso que llevó al límite nuestras piernas y articulaciones.

Una vez en la playa y arenal de Masca, tras un merecido descanso, embarcamos para cerrar ruta en la localidad turística de Puerto Santiago, navegar a pie de acantilado es la guinda a tan bella excursión, un acantilado que nunca jamás dejará de maravillarme, los Gigantes!.

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