El juego de la Navidad

El juego de la Navidad

Laura González Vega | Psicóloga

Te propongo un juego: la Navidad. La casilla de salida es ese día en que te planteas: “Ya llega la Navidad, de nuevo”. 
Si estás ahí, respira profundamente y métete en la partida como si fuera la primera vez que juegas en tu vida. Intenta ver, sentir, escuchar, como si todo fuera desconocido, con una mirada nueva y una actitud de apertura total.

Tiras el dado y estás en la casilla de la familia.

En este lugar lo que puedes hacer es escucharte a ti mismo: qué te apetece hacer, con quién, cuándo, cómo… y sé tú quien dé las instrucciones de cómo pasar esta casilla (porque si lees las instrucciones de otra persona puede que te veas avanzando por el tablero, cuando realmente preferías otra cosa).

Pasas dos, tres, cuatro casillas y caes en regalos de compromiso.

Aquí, a veces, tienes que obsequiar a otro jugador (que, tal vez, ni siquiera te caiga bien) con un detalle, una cena, una salida… ¿Te apetece? ¿Qué es lo que tú quieres? Siéntete libre para decir “no” y pasar a otra casilla. Recuerda que siendo asertivo y escuchando lo que siente y piensa el otro, la comunicación resulta más efectiva y el juego de la Navidad es más divertido.

Este juego no tiene una dirección definida. Puedes ir hacia delante o hacia atrás. Lo importante es que no te dejes llevar por los otros jugadores porque así puede que sientas que estás perdiendo la partida, te frustres y quieras dejar de jugar.

La Navidad es lo que tú quieres que sea. Puede ser una época de estrés, reuniones familiares aburridas y conflictivas, compromisos, gastos económicos excesivos y exigencias. Puede ser una época de reencuentros con personas queridas, reuniones familiares divertidas y amorosas, detalles, descanso y alegría. O puede ser “nada”: unos días de finales de año, principios del siguiente, con alguna jornada libre y poco más.

La decisión de lo que va a ser, depende de ti. No tiene que ocurrir este año lo que pasó el pasado, ni lo que ha sido siempre. La actitud con la que te mueves en la vida, en la Navidad, marca la diferencia.

Es cierto que vivimos rodeados de personas, con sus actitudes, creencias y opiniones, pero también es verdad que escuchamos y respetamos muy poco nuestros propios deseos.

Si en vez de estar tan pendiente de lo que dice mi madre, quiere mi padre, le apetece a mi hermano o les gusta a mis amigos, me pregunto qué quiero yo, qué me apetece a mí, qué me gusta, y actúo en consecuencia siendo coherente conmigo mismo, jugaré una partida de la Navidad más auténtica, por lo menos para mí, que al fin y al cabo soy la que me acompaño siempre, sea Navidad o no.

¡Qué disfrutes la partida!