La brújula

Textos: Laura Gonzáles Vega | Psicóloga

Según la RAE, la brújula es un instrumento en forma de caja que contiene una aguja imantada gira sobre un eje que señala el norte magnético. Sirve para determinar las direcciones de la superficie terrestre. ¿Cuál es tu brújula?

¿Tienes un instrumento que te ayuda a determinar las direcciones que tomas en la vida?

Muchas veces buscamos fuera de nosotros la brújula que nos ayude a no perder el norte. Pedimos consejos, leemos libros, escuchamos a las personas que son importantes para nosotras y nos olvidamos que la verdadera brújula la llevamos dentro.

¿Cuántas veces has tenido la sensación de estar perdido? ¿De no saber cuál es tu camino?

En nuestra cultura, nos enseñan que la manera de triunfar en la vida (en líneas generales) es estudiar, sacar una carrera, tener un buen trabajo, encontrar una pareja, tener una casa, crear una familia y disfrutar de todo ello (si tienes suerte de tener tiempo).

Pero, ¿ qué ocurre si tú no estás a gusto con esa línea que te han trazado? Normalmente entramos en conflicto. Por un lado queremos llegar a saber qué es realmente lo que nos gustaría hacer y ¡ser! Por otro lado, no queremos decepcionar ni defraudar a todas esas personas que nos apoyan y ayudan en nuestro camino. Las dos cosas ocurren en nuestro interior y a la vez.que te han trazado? Normalmente entramos en conflicto. Por un lado queremos llegar a saber qué es realmente lo que nos gustaría hacer y ¡ser! Por otro lado, no queremos decepcionar ni defraudar a todas esas personas que nos apoyan y ayudan en nuestro camino. Las dos cosas ocurren en nuestro interior y a la vez.

La brújula que guía tu camino está dentro de ti. Fuera puedes encontrar personas o situaciones que te ayuden a encontrar la dirección como si fuesen la aguja imantada, pero la que verdaderamente dirige y avanza en el camino eres tú.

¿Cómo saber qué dirección tomar? Escuchándote. ¿Cómo escucharte? Con tiempo y paciencia. Nos angustiamos y agobiamos por todo: por lo que ocurre, por lo que no sucede, porque las cosas van muy rápido, por que van muy lento, por no saber cuándo ocurrirá lo que esperamos, por tener que tomar decisiones, por no tomarlas… Estamos en una constante rumiación por todo lo que pasa a nuestro alrededor. ¡Para!

A veces lo mejor que puedes hacer es no hacer nada. Tómate un tiempo para que surja de ti, y no de lo que te dicen, escuchas, ni siquiera de lo que piensas en este momento. Esas respuestas que te indicarán el camino. Muchas veces somos nosotras mismas las que generamos problemas donde solo hay que reflexionar con calma, tener un poco de serenidad y distancia.

Repasa tus experiencias vividas, observa lo que tienes a tu favor y en tu contra, enumera tus fortalezas y tus debilidades, cuestiónate… ¿Qué es lo que quiero? ¿Por qué? ¿Cómo lo quiero? ¿Cuánto estoy dispuesto a poner de mi parte? ¿Qué creo que voy a ganar y a perder? ¿Cómo me veo a corto, medio y largo plazo? No tienes que contestar todas las preguntas: encuentra las tuyas propias pero no te ofusques. Cuando estamos dentro de una situación difícil nos cuesta ver la salida, pero si te das un poco de tiempo y utilizas tu brújula, la encontrarás. Y si con el tiempo te das cuenta que el camino que elegiste no era el adecuado para ti, encontrarás otro. No te habrás equivocado, simplemente en aquel momento te escuchaste y decidiste tomar el camino que creías más conveniente. Vuelve a pararte y redirígete.

Lo mejor de avanzar en el camino es que puedes cambiar de dirección siempre que lo consideres oportuno y siempre aprenderás si estás abierto a las experiencias que te van surgiendo en la vida.

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