Textos: WildCanarias. Carlos Antolín

La Isla de La Graciosa es la más oriental del Archipiélago Canario y uno de los bancos de pesca más ricos del mundo, siendo la reserva marina más grande de Europa. Los islotes Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste (también conocido como Roque del Infierno), conforman con la Graciosa el Archipiélago Chinijo que junto a los acantilados de Famara fueron declarados en 1986 Parque Natural. La palabra local “Chinijo” significa “pequeño”.

Salimos de Orzola ante un Atlántico algo agitado con unas oleaje que rozaba los tres metros de altura, hasta bordear la Punta Fariones el barco se iba a mover de lo lindo. En la toponimia de Lanzarote los “Fariones” son los grandes roques desprendidos de la punta Norte de la isla de Lanzarote.

Una vez pasamos el “Farión de Afuera” se abre ante nuestros ojos los acantilados de Famara y la Isla de La Graciosa, pasado el farión de Afuera las aguas se calman, y con el Atlántico más dócil, disfrutaremos del resto de la navegación hasta alcanzar el puerto de Caleta de Sebo.

Desembarcamos a las 9:00 horas y una vez en tierra, voy directo a alquilar una buena bici de montaña que me permita recorrer con agilidad la parte Norte de la isla, recorriendo unos 30 kilómetros de pistas y senderos. La jornada la divido en dos rutas siendo Caleta de Sebo el origen y final de las dos rutas por la isla.

La primera ruta circular me lleva a recorrer todo el Norte, en la cual el 90% del recorrido lo realizo en bici, combinando algún pequeño tramo a pie, como la subida a la Montaña Bermeja y el paseo por el arenal de la Playa de Las Conchas. La segunda ruta, ruta prácticamente lineal que me llevará a recorrer la vertiente Sur, me llevará a caminar unos 16 kilómetros, con un objetivo principal: coronar la segunda cima opuesta a Montaña Bermeja, Montaña Amarilla.


Ruta 1: Caleta de Sebo – Montaña Bermeja y Playa de Las Conchas – Playa Lambra – Pedro Barba – Caleta de Sebo.
Ruta 2: : Caleta de Sebo – Playa Francesa – Playa de la Cocina – Montaña Amarilla - Caleta de Sebo.

“Caminar es algo que está decisivamente relacionado con la independencia y la libertad”

Una de las cosas que aprendí, creciendo en un pequeño pueblo, fue “el arte de caminar” mundialmente conocido como dar el paseo, yendo en pequeños grupos o solos, comentando sobre la vida cotidiana, riendo, escapando del tedio de un modo inconsciente, respirando aire fresco…

Desde hace unos años que descubrí el placer de caminar solo, pensativo, relajado y es que este arte, como el de amar, solo se aprende practicándolo. Uno de mis grandes referentes fue y será David Henry Thoreau, quien, en su magnifico tratado Caminar, describe el don de deambular.

“¿Porqué resulta a veces tan arduo decidir a dónde caminar? Creo que existe en la naturaleza un sutil magnetismo y que, si cedemos inconscientemente a él, nos dirigirá”.

Esta es una de las tantas reflexiones que Thoreau, quien se retiró varios años a los bosques, escribió y que se pueden aplicar a la vida misma, no sólo al caminar. Los japoneses tienen una palabra que define un baño forestal, internarse en el bosque donde todo es silencioso y tranquilo para relajarse, Shirrin-Yoku. Pero no hace falta salir de la ciudad para practicar este arte; la misma Virgina Woolf escribió que caminar sola por Londres era su mayor descanso.

Nos hemos olvidado de los pasos, del silencio. Muchas veces me sorprendo caminando por la ciudad con el móvil siempre en la mano, esperando la respuesta a un mensaje, atento siempre. ¿Es que no estamos solos nunca? Está claro que estar 24 horas disponible no ayuda mucho a la tarea de andar por andar, sin plan, sin rumbo, solo disfrutar de lo que nos rodea. Es difícil sacudirnos las dudas a pasos; las expectativas, los agobios, problemas y emociones, si no encontramos un momento de soledad.

“Pasear es un rito civil , caminar es una acto animal, pasear es algo social y caminar es algo más bien selvático, aunque sea por las calles de una ciudad, quienes caminan suelen anhelar la soledad”.

Es indudable que la compañía -sobre todo cuando es buena- es una maravilla. Muchas son las ventajas de tener personas que te inspiran a tu alrededor, que te ayudan; trabajar en equipo o compartir y colaborar en proyectos. El problema es cuando dedicamos toda nuestra energía a esto, y no a nosotros mismos. Caminar media hora al día libera endorfinas que ayudan a reducir el estrés y la ansiedad, fortalece el corazón, te da energía para continuar con la jornada, entre otras cosas. Hay quien de un paseo al día pasa a viajar o incluso vivir caminando, todos los profetas en algún momento acudieron al desierto, hicieron peregrinación. Son muchas las rutas y senderos para peregrinos: el Camino Inca, 43 kilómetros en una maravillosa naturaleza que te llevan hasta el Machu Pichu en Perú; en Escocia el camino de St. Cuthbert, o el famoso camino de Santiago en España; mis caminos los encontré en Canarias.

La mezcla de superación personal, el reto físico y conocer personas muy diferentes a nuestro entorno hacen de estos peregrinajes una herramienta esencial para la búsqueda de nuestro bienestar y momentos claves para cerrar etapas o comenzar nuevas. Cada uno tiene sus motivos: religiosos, espirituales e incluso, como defendía William Hazlitt, la búsqueda de la libertad:

“El alma de una excursión es la libertad, la completa libertad para pensar, sentir y hacer exactamente lo que uno desee. Salimos de excursión principalmente para hallarnos libres de todo impedimento y toda in- conveniencia, para dejarnos a nosotros mismos atrás en mucha mayor medida que para librarnos de otros.”

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