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La importancia del silencio

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Textos: Laura González Vega (Psicóloga)

Vivimos llenos de ruido, con la música y la radio fundidas en nuestros oídos, ponemos la televisión “de fondo”, vivimos enganchados a las notificaciones que llegan a nuestros móviles, rodeados de ruido del tráfico, de los hilos musicales en los centros comerciales…

Y esto, lejos de mantenernos alerta y despiertos, puede tener efectos perjudiciales en nuestro cerebro. Y es que la contaminación auditiva es algo muy real. Desde el siglo pasado hay estudios en los que se demuestra que vivir cerca de una zona de alto ruido, como un aeropuerto o una carretera, se correlaciona con efectos perjudiciales como una alta presión arterial, estrés, insomnio y enfermedades del corazón.

El silencio se ha convertido en un bien escaso, y países como Finlandia lo utilizan como reclamo turístico, exponiendo la tranquilidad y el silencio natural de su geografía, llegando, incluso, a reflejarlo en algunos de sus productos con el texto: “Hecho a mano en silencio finlandés”. En Inglaterra, el psicólogo y profesor David Harley, organiza sesiones silenciosas con los alumnos para que descubran el poder que contiene el silencio.

El silencio ayuda a nuestro cerebro estimulando la creación de nuevas neuronas; se ha descubierto que una exposición al silencio durante dos horas al día estimula la creación de nuevas neuronas en el hipocampo (una importante parte del cerebro, implicada en la memoria, las emociones y el aprendizaje) y reduciendo el estrés.

Mozart decía que “la música no está en las notas, sino en el silencio entre ellas”. Y nosotros, ¿cultivamos el silencio en nuestra vida? ¿Le damos su lugar en medio de tanto ruido? ¿Cómo podemos beneficiarnos del poder del silencio para mantener nuestro cerebro sano? Aunque nos encante la música y esta tenga una gran influencia positiva en nuestro estado de ánimo y en nuestra relajación, nuestro cerebro necesita “descansar” de los sonidos. Por tanto, apagar la música, aislarse lo máximo posible del ruido y dedicar unos minutos al día a concentrarse en el silencio, es muy recomendable para nuestra salud mental.

Es importante, también, en el día a día, reducir todas las fuentes de ruido que se puedan controlar. Si tu barrio es ruidoso, utiliza ventanas herméticas o mantenlas abiertas el menor tiempo posible. Evita poner la televisión de fondo, y en la medida que puedas, utiliza electrodomésticos silenciosos.

Y si ya quieres disminuir notablemente tu estado de estrés y darle al cerebro el silencio que necesita, te puedes plantear hacer escapadas o retiros de silencio, un fin de semana en el campo o en zonas muy poco habitadas en contacto con la naturaleza.

Muchas veces utilizamos la música, la televisión o la radio como distractores para no pensar o no pararnos a mirar “eso” que nos está molestando desde hace un tiempo. Es como si tuviéramos miedo al silencio; pero, de lo que no nos damos cuenta es que cuando hay ruido, no podemos escucharnos, y si no nos escuchamos, difícilmente vamos a poder contar con una mente lúcida y clara y resolver las cosas que nos tienen preocupados, o tomar decisiones que nos ayuden a seguir adelante. No se trata de parecer monjes budistas o intentar conseguir dejar la mente en blanco. Para nada. Es centrarse en lo que se está haciendo y disfrutar más del presente, sin ruido que nos distraiga o amortigüe lo que estamos viviendo. Como diríamos en Canarias: “estar en lo que estamos”, y yo añadiría, “de una manera consciente y real”.

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