criticas

Textos: Laura González Vega (Psicóloga)

La palabra criticar es definida como “el juicio o examen que se hace sobre algo; la censura acerca de los defectos de una persona; opinión desfavorable, etc.”

Todos y todas tenemos una voz interior crítica necesaria que forma parte de las normas mínimas de convivencia con los demás, pero las personas con una baja autoestima tienden a tener una crítica más destructiva.

Este tipo de crítica:
1. te acusa cuando cometes errores.
2. te compara con los demás y te encuentra en desventaja.
3. fija unas medidas de perfección que son imposibles de cumplir.
4. no suele recordar logros sino fracasos, etc.

Esta crítica malsana te pide que seas mejor y, si no es así, no vales nada. Funciona con palabras como “todo, nada, nunca, siempre, todo el mundo”… Te suele “alabar”: estúpida, torpe, incompetente, débil, egoísta… Y, lo más triste es que, si no te das cuenta, te hace creer que es verdad.

Llega un momento en que no sabemos si la voz pertenece a lo aprendido de nuestra madre, padre, pareja, amigo, amiga, sociedad… o a nosotros mismos. Una crítica intensa y voluble es enormemente tóxica. Es más venenosa que cualquier trauma pues, el dolor se pasa con el tiempo, pero esta voz siempre está a nuestro lado juzgando, culpabilizando, encontrando errores o tirando por tierra lo que hemos hecho o queremos hacer. En general utiliza imágenes del pasado para recordarnos la metedura de pata o lo mal que nos sentimos o, sencillamente, lo poco que valemos. Estamos tan acostumbradas a escuchar la voz crítica que parece algo ante lo que es imposible actuar de otra manera. Pero lo cierto es que no tiene voluntad propia, podemos identificarla y reflexionar sobre lo que de verdad nos está diciendo. Así estaremos capacitados para analizarla objetivamente, eliminar su parte destructiva y ponernos en el camino de conseguir lo que nos está pidiendo de modo positivo y sin culpabilizarnos.

Pero… ¿y cuándo nos critican los demás? ¿Qué hacemos?
Cuando estemos convencidos de que alguien nos critica para hacernos daño, la mejor técnica será prestarle la mínima atención; de esta forma, con mirada tranquila y expresión relajada, sonreiremos y pasaremos a otra cosa. Cuando nos formulen críticas manipuladoras podremos reaccionar asertivamente, con seguridad. Quien nos critique, al final sentirá que nos quedamos “tan tranquilas” y que no nos afecta lo más mínimo lo que nos está diciendo. En definitiva, que está perdiendo el tiempo con nosotros.

Normalmente cuando alguien nos dice: “que gorda estás”, “cada día te veo más viejo”, “siempre has sido un poco lenta”, “yo sabía que no ibas a conseguirlo”… nos están hiriendo con sus palabras, muchas veces sin darse cuenta, y nosotros lo permitimos. Si en vez de entrar en su terreno, respondemos con tranquilidad que sí, que puede que esté más gorda, más viejo, sea lenta o no lo haya conseguido… con tono suave, sin dejar que nos afecte… como un banco de niebla que no deja ver más allá. Si en vez de entrar en una “discusión” le damos “la razón”, sabiendo que es la opinión de esa persona, no la verdad absoluta lo que ella está diciendo, llegará un momento en que se cansará y parará.

La opinión de otra persona sobre ti, sólo tendrá la importancia que tú le des. Recuerda que tú eres tu punto de referencia. Puedes escuchar a los demás, pero luego, libremente, toma tus propias decisiones.

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