Una vez finalizado el período vacacional, volvemos a entrar en contacto con las rutinas, los horarios y las responsabilidades. Con ello, nuestros/as niños/as regresan al colegio a seguir experimentando la aventura del saber y a reencontrarse con sus compañeros/as y profesores/as.

Cuando se inicia una nueva etapa, es fundamental que estemos emocional, mental y físicamente preparados/as para afrontarla con éxito. Así, parece necesario no desconectar de las necesidades de nuestro organismo para que responda, con entusiasmo, al esfuerzo requerido.

Para ello, proponemos estar atentos/as a la sensación de prisa que todos/as tenemos por las mañanas. Quizás, sea mejor acostarse y levantarse un poco antes para desayunar con calma y con conciencia, eligiendo alimentos especialmente nutritivos que sustituyan a los productos procesados. Ahora bien, luchar contra la publicidad y la premura no es tarea fácil, requiere tiempo y dedicación.

Podemos aprovechar los fines de semana para desayunar en familia, ofreciendo múltiples alternativas ricas en sabor y nutrientes.

Desde que son muy pequeñitos/as podemos comenzar a despertar la curiosidad por “los poderes” que me van a proporcionar los alimentos que me voy a comer hoy. Así, el aguacate y el plátano (por el potasio) harán que mis músculos respondan adecuadamente a la actividad física. El tomate (por su vitamina A) protegerá mi vista. Los huevos (por sus proteínas), construyen y reparan mis músculos y huesos. El pan, me ayudará a resistir con éxito mis clases de Educación Física y un largo etc. Así mismo, podemos hacerles ver que todos los alimentos trabajan en equipo para que yo esté sano/a y fuerte e investigar con ellos qué debe contener un desayuno para que sea cardiosaludable.

También podemos descubrir múltiples recetas para que nuestros desayunos sean -además de sanos- variados y creativos, así como también resulta interesante y divertido experimentar diversas formas de combinar los alimentos que me gustan y necesito. Otra de las opciones es reflexionar sobre aquellos productos que, aún llenando mi estómago, están vacíos de propiedades, es decir que “no me dan e incluso me restan poder”.

Desde que son muy pequeñitos/as podemos comenzar a despertar la curiosidad por “los poderes” que me van a proporcionar los alimentos.

Si logramos que nuestros/as niños/as decidan con consciencia lo que quieren para sí mismos en este ámbito, habremos dado un pasito más hacia su autonomía personal. En definitiva, el cuerpo es un templo que nos va acompañar durante toda la vida y, como tal, hay que quererlo, valorarlo y cuidarlo.

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