Textos: Laura González Vega (Psicóloga)

Hay personas a las que los cambios les dan vida. A otras, les dan miedo. Pero a nadie dejan indiferente.

La vida está llena de cambios. Cambio de ciudad, de trabajo, de coche, de casa… Terminar una relación, distanciarse de un amigo, tener una nueva jefa, perder a un ser querido, tener un bebé… Todo son cambios y todo trae aparejado tener que tomar decisiones.
Seguramente todas las personas hemos escuchado alguna vez eso de “no tomar una decisión es tomar una decisión”. Siempre estamos decidiendo sobre lo que hacer, decir, pensar, ser…

Con esto de comenzar un año nuevo hay quien se propone muchos cambios en su vida y luego cuando está finalizando dicho año se da cuenta de que “bueno, tampoco es que hayan cambiado mucho las cosas”.

De lo que se trata es de ser conscientes de que todo pasa y todo cambia. Como bien dice nuestro refranero popular “no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista”. Pero tampoco hay bien que “cien años dure”. Todo pasa. Seamos realistas. Por más que pensemos o queramos que todo siga igual, no está en nuestras manos. ¿Es un pensamiento catastrofista? todo lo contrario. Es un acercamiento a vivir la vida plenamente. Si sé que esto tan maravilloso que me está sucediendo ahora puede que algún día, se acabe voy a disfrutarlo al máximo. Si sé que esto tan desagradable que me está ocurriendo ahora acabará algún día, voy a intentar tener paciencia y a esforzarme por no sucumbir.

A las personas que los cambios le dan miedo les podría decir que miren a ese miedo de frente y hablen con él. Entiendan porqué está ahí y qué les quiere decir realmente. Porque maravillosamente, con miedo o sin él, la vida sigue y vas aprendiendo con cada experiencia.

No es resignación, es aceptación. Aceptación y escucha a ti misma de cómo estás viviendo esta situación. Y no pensemos solo en situaciones difíciles, porque a veces los cambios “buenos” también dan mucho miedo. En definitiva, lo desconocido es lo que paraliza.

Los mensajes que nos decimos acerca de lo que nos ocurre, el lenguaje que utilizamos, la actitud con la que afrontamos la vida es lo que nos va a generar tener una experiencia enriquecedora o no. Está claro que hay situaciones muy dolorosas, como la muerte de un ser querido, la enfermedad, los problemas económicos… Y todo esto nos puede hacer sentir desgraciados, tristes, frustradas, incomprendidos, inútiles… pero si miramos a estas sensaciones y las acompañamos desde la comprensión y el cariño, poco a poco veremos la luz al final del túnel. No sirve de nada sumar reproches y críticas por nuestra parte porque lo que estaríamos haciendo es echar más agua a un jarrón que ya está lleno… nos desbordamos. Por eso, lo mejor sería tratarnos como trataríamos a cualquier persona que queremos; con amor, dulzura y tacto y escuchar lo que nuestro interior nos está diciendo, solo escuchar. Así, puede que veamos los cambios desde otra perspectiva.

CategoriesSin categoría