No necesitas la mitad de lo que tienes

No necesitas la mitad de lo que tienes

Textos: Laura González | lauragonve@gmail.com

No te conozco, no sé quién eres, de dónde vienes ni a dónde vuelas, pero estoy completamente segura de que “no necesitas la mitad de lo que tienes”.

La publicidad, la cultura, la sociedad, tus personas allegadas te dirán lo contrario, pero “no lo necesitas”. Recuerdo una frase que aprendí en el instituto, lo que no recuerdo es su autor, que reza así: “necesidad es aquello que te garantiza la vida”. Es decir, una cosa es que quieras tener algo y otra que lo necesites. Nos han hecho creer que si no tenemos el móvil de última generación con cámara fantástica, si no vamos a la última moda en ropa y calzado, si no tenemos la televisión más grande o el coche más llamativo… no somos nadie, o por lo menos no somos “lo mejor” que podríamos ser.

No necesitas la mitad de lo que tienesQuiero que reflexiones en este punto: hemos pasado del verbo “tener” al “ser”. “Si no tengo… no soy…”. “¿Soy lo que tengo?” Las personas que trabajan en marketing son muy buenas haciendo creer a las personas consumidoras que tener objetos les hace más felices, que les convierten en “otras” personas.

Abraham Maslow, un psicólogo humanista, realizó una teoría que explica las necesidades humanas según una jerarquía, lo que hoy se conoce como La pirámide de Maslow. En ella se expone que nuestras acciones nacen de la motivación dirigida hacia el objetivo de cubrir ciertas necesidades, las cuales pueden ser ordenadas según la importancia que tienen para nuestro bienestar y defiende que conforme se satisfacen las necesidades básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más elevados. Desde el hambre y la sed, pasando por la seguridad de un techo o trabajo, hasta el amor o la autorrealización. Esas son las necesidades que vamos cubriendo a lo largo de nuestra vida y si no tenemos la base no avanzamos. Porque, ¿quién, que no tiene para comer o un lugar donde dormir, se preocupa de su aspecto físico o de si tiene teléfono móvil, tableta u ordenador portátil?

Pero la pregunta es: ¿para qué necesitamos tener y tener y tener? Me gusta ese juego que te pone en el contexto de: si te fueras a una isla desierta, ¿qué tres cosas te llevarías? La variedad de respuestas que da la gente es enorme, pero en realidad es algo muy difícil que ocurra. Te invito a que juguemos de otra manera. Como estás en el avión, jugaremos con la imaginación: intenta recordar tres cosas que hay en tu casa que no hayas usado en todo el año pasado. Piensa otras tres que hayas usado muy rara vez (carnavales, ropa de temporada, un regalo puntual) y otras tres que uses normalmente, casi a diario, da igual lo que sea. Y cuando acabes, cierra los ojos e imagínate cualquier habitación de tu casa y recuerda, como si estuvieras allí, todo lo restante, todo lo que hay en la habitación, que no está en esta lista de objetos. Y vuelve a preguntarte: ¿para qué necesito tener tantas cosas?

A veces, le damos tanta relevancia a tener que no nos damos cuenta todo lo que perdemos en nuestro afán de consumismo. Y no me refiero al dinero, sino al tiempo, la autoestima, la tranquilidad… Hay personas que piden créditos o préstamos para comprar cosas que en realidad no necesitan, con toda la carga mental que tener una deuda implica. En definitiva, es una enorme paradoja. Buscando la felicidad en los objetos que compramos conseguimos justo lo contrario.

¿Realmente, necesitas todo lo que compras? ¿A qué le estás dando importancia en tu vida? ¿A tener o a ser?