Zona de confort

Laura González Vega | Psicóloga

Está de moda la expresión  «zona de confort», ese espacio donde nos sentimos cómodos, aunque estemos sufriendo, porque sabemos lo que pasa y cómo gestionarlo.

A muchas personas les encanta su zona de confort y pensar en salir de ella puede, incluso, generarles ansiedad. ¿Por qué?

Desde nuestra infancia, la gran mayoría de los mensajes que recibimos están relacionados con que lo bueno que hagamos en la vida dure para siempre. Incluso, nosotros mismos, nos decimos que, lo ideal, lo bueno y lo bonito, es que lo que hagamos sea para toda la vida. Que, sin una estabilidad, estamos perdidos. Y que, lo realmente bueno, es que todo siga igual.

Estudiar una carrera para tener un trabajo que dure para siempre, comprarnos un coche que nos dure para toda la vida y una casa en la que vivir hasta el final de nuestros días.

Si encuentras una persona que te colma en todos los sentidos, no la dejes escapar: cásate y sean felices, para siempre.

“Para siempre”, “zona de confort”, “estabilidad”, “permanencia”… son conceptos poco realistas con la vida actual.

En general, a todos nos dan miedo los cambios. Miedo, bloqueos, pensamientos negativos, parálisis… Pero, a pesar del miedo, lo que tenemos que hacer con los cambios de nuestra vida es afrontarlos, mirarlos de frente, respirar hondo y ver qué podemos hacer con ellos. A medida que nos exponemos a situaciones que requieren estrategias de afrontamiento para salir hacia adelante, vamos entendiendo el cambio como parte de la vida en vez de realizar anticipaciones catastrofistas.

Si somos conscientes de que las cosas, e incluso las personas de nuestro alrededor, no estarán ahí “para siempre”, valoramos cada instante y aceptamos que hoy están pero tal vez mañana no, podremos encarar los cambios con valentía y objetividad.

Salir de tu zona de confort puede ser un viaje maravilloso hacia tu interior, hacia un aprendizaje de lo que eres capaz de hacer y de todo lo que hay por descubrir fuera de ella. Aparta el miedo, cambia los pensamientos paralizantes ¡y vive!

Es curioso ver cómo, incluso sintiéndonos mal en esa zona de confort, nos da aún más miedo salir de ella. Los límites y barreras que nos ponemos a nosotros mismos son los que nos impiden avanzar, aprender y disfrutar de los cambios de la vida. No te quedes parado. Fluye con ellos aunque no sean para siempre. Fluye hoy.

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