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Porís de Candelaria, La Palma desconocida

Poris de Candelaria

Texto: Luis Yrissarri – losviajesporelmundo.com | Fotografía: Shutterstock

Porís, prois, proiz… esta palabra derivada del catalán o, incluso, del portugués, significa piedra, poste, y se ha usado en Canarias para definir un pequeño puerto natural o de piedra. Actualmente sólo se aplica a las poblaciones que cuentan con uno.

En La Palma existen varios porís, pero el que vamos a destacar hoy es el Porís de Candelaria.

Este lugar, desconocido por muchos palmeros, fue un lugar que descubrimos hace pocos días en nuestro viaje por La Palma. Buscábamos lugares poco conocidos, que fuesen interesantes de contar y sobre todo que fuesen impresionantes de ver y de llegar. Para llegar aquí hay que armarse un poco de valor, pero nada que un conductor con precaución no pueda hacer. Mi hermana, que es una valiente, me comentó que tenía que venir. Al ver algunas fotos en internet no pude evitar convencer a la familia para descubrir este lugar tan impresionante.

El recorrido en coche comienza en el municipio de Tijarafe, en La Palma. Hay que seguir un desvío por una empinada cuesta que nos llevará directamente hacia el acantilado. Tras varios invernaderos llegamos al final del camino, un amplio parking donde podemos dejar el coche y comenzar nuestra ruta a pie al borde del mismo.

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El éxtasis de encontrar lo que realmente buscábamos está a tan sólo 5 minutos caminando desde el coche. El camino está muy bien marcado y asegurado con una especie de barandilla de cuerdas gruesas y pilares de madera.

Una vez aquí, nos encontramos con una cueva de dimensiones gigantescas capaz de albergar en su interior un pequeño pueblo de pescadores. Me quedo sin palabras, intento no decir nada y observar. Sólo observar…

Caminamos lentos, cada vez más. La única calle está vacía, no hay nadie, tan sólo un hombre con un semblante serio pero con una sonrisa amable. Está sentado mirando al horizonte. Aquí la paz recorre tu cuerpo, es imposible hablar más alto que como lo hace el mar. Intentas respetar hasta el sonido de las olas. Te sientes un intruso e incluso te sientes obligado a pedir permiso a este señor para avanzar y disfrutar del lugar.

Nos cuenta que las casas más antiguas tienen más de 80 años y se ve claramente que las más nuevas se están comiendo el terreno y posicionándose más cerca del mar. Todos son familias, todos se conocen, pero sólo usan estas casas de manera ocasional, o para disfrutar de sus vacaciones. Aquí se encuentra un pequeño altar sobre una roca con la Virgen de Candelaria. Sin duda es ella quien protege este hermoso lugar.

Nosotros, tras estas palabras que escribo sentado bajo el techo de esta cueva nos despedimos. He recibido el beneplácito de este amable señor, para disfrutar con respeto de este precioso lugar. Me voy al agua!

Y tú… ¿conocías este lugar?

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