Redescubrimos Timanfaya en Lanzarote

Timanfaya en Lanzarote

Texto: Wildcanarias | Carlos Antolín Carruesco

En Mancha Blanca se abre un sendero que te conduce hasta una de las calderas volcánicas más espectaculares de las islas Canarias, un profundo coso rodeado de una muralla circular que se alza hasta los 450 metros de altitud, dando lugar a uno de los cráteres más grandes de la Macaronesia.

Timanfaya en LanzaroteCaldera Blanca con un diámetro superior al kilómetro lidera en magnitud a los casi 300 volcanes que se alzan repartidos a lo largo y ancho de la isla de Lanzarote; y es justo desde su atalaya donde se abre a la vista un espacio de tierra que te arranca literalmente el aliento, un sin fin de volcanes satélites se alzan flotando alrededor del corazón de Timanfaya, un Parque Nacional que dio protección y conservación a la perversión de la huella del hombre; la visión que se abre desde el punto álgido de Caldera Blanca es de una belleza indescriptible, arte en forma de conos y tapices donde el malpaís y los líquenes configuran el actual paisaje radical de Timanfaya: Tinfaga, Pico Partido, Caldera Escondida, Montaña de Maso y un largo etcétera de volcanes que son el preámbulo del protagonista absoluto de la isla, paisaje lunar donde la vida renace limpia y fuerte, una zona declarada Parque Natural y que bien podría haberse añadido a esa máxima catalogación de la que disfruta el propio Parque Nacional de Timanfaya, un paisaje blindado a los pies de un turismo desbocado -2 millones de visitas en el año 2018-, dando la tranquilidad necesaria a un pueblo que vive de su impecable naturaleza asociada directamente al turismo, sosiego a través de una ley que lo delimitó y lo cerró a cal y canto, conservándolo ante un incivismo y una masificación que lo arruinaría en escasas semanas; la visita al Parque Nacional de Timanfaya solo se permite a través de las gua-guas que lo transitan a través de su espectacular recorrido conocido como “La Ruta de Los Volcanes“. La naturaleza sacude el polvo que la vida cotidiana deja en el alma…

Caldera Blanca con un diámetro superior al kilómetro lidera en magnitud a los casi 300 volcanes que se alzan repartidos a lo largo y ancho de la isla de Lanzarote; y es justo desde su atalaya donde se abre a la vista un espacio de tierra que te arranca literalmente el aliento, un sin fin de volcanes satélites se alzan flotando alrededor del corazón de Timanfaya, un Parque Nacional que dio protección y conservación a la perversión de la huella del hombre; la visión que se abre desde el punto álgido de Caldera Blanca es de una belleza indescriptible, arte en forma de conos y tapices donde el malpaís y los líquenes configuran el actual paisaje radical de Timanfaya: Tinfaga, Pico Partido, Caldera Escondida, Montaña de Maso y un largo etcétera de volcanes que son el preámbulo del protagonista absoluto de la isla, paisaje lunar donde la vida renace limpia y fuerte, una zona declarada Parque Natural y que bien podría haberse añadido a esa máxima catalogación de la que disfruta el propio Parque Nacional de Timanfaya, un paisaje blindado a los pies de un turismo desbocado -2 millones de visitas en el año 2018-, dando la tranquilidad necesaria a un pueblo que vive de su impecable naturaleza asociada directamente al turismo, sosiego a través de una ley que lo delimitó y lo cerró a cal y canto, conservándolo ante un incivismo y una masificación que lo arruinaría en escasas semanas; la visita al Parque Nacional de Timanfaya solo se permite a través de las gua-guas que lo transitan a través de su espectacular recorrido conocido como “La Ruta de Los Volcanes“.

La naturaleza sacude el polvo que la vida cotidiana deja en el alma…

La Teoría de las 4 capas en montaña: térmica, forro polar, plumas o shotshell y gore-tex

Bajo una prealerta amarilla en todo el archipiélago canario por fuertes vientos y lluvia, el día amanece bastante revuelto en el extremo más oriental de las islas Canarias; la isla de Lanzarote escapa en cierta medida al Delta que está barriendo todo el archipiélago canario, temporal que está castigando en mayor medida a las islas de mayor relieve. Con algún que otro claro observado desde el pueblo de Tinajo -entrada a Timanfaya-, negros nubarrones cargados de agua circulan a velocidad de vértigo tiñendo de oscuridad un Timanfaya que se presenta complicado. Sol, lluvia, viento y temperaturas que se precipitan a unos niveles sorprendentemente bajos en estas latitudes, constante de estas islas atlánticas donde la meteorología es caprichosa y traicionera. Y aquí viene el drama de muchos senderistas que se ven atrapados en estas ‘sencillas’ rutas donde siempre hay un punto de no retorno a la hipotermia. Un giro meteorológico lejos de nuestro inicio de ruta sin esa vital cuarta capa -goretex- nos pondrá rápidamente en jaque, prenda que nos mantendría secos repeliendo no solo el agua de la lluvia, sino también frenando de raíz la fuerza de un viento virulento cargado de humedad, factores que nos pondrían ante un serio apuro congelándonos casi al instante bajo unas tres primeras capas no impermeables caladas de lluvia, ropas que ya no solo no se secarán, sino que el viento y el ausente Sol se encargarán de enfriarlas aún más, anulando cualquier capacidad calorífica para las que fueron diseñadas; estos tres primeros tejidos o capas encharcadas nos llevarán, irremediablemente, a la hipotermia. En una isla como Lanzarote donde las altitudes no son protagonistas y donde los senderos alcanzan en pocos kilómetros alguna que otra población, posiblemente escaparíamos con un simple buen resfriado de recuerdo, pero no así en otros escenarios y rutas canarias, donde las largas distancias bajo altitudes de media y alta montaña, ante una difícil orografía, nieblas, frío e intensa humedad, nos llevarían a traspasar el límite de lo fisiológico, y por consiguiente, a la congelación: Anaga, Teide, Teno, Garajonay, Taburiente, Malpaso, Tamadaba… Son sectores que con condiciones meteorológicas malas tumbarían los termómetros a unos niveles sorprendentemente gélidos en escasos minutos, con la consecuente hipotermia seguida de muerte por congelación.