SILENCIO

Guillermo Quesada

Había traicionado su confianza, así que la golpeaba una y otra vez. Con cada golpe su cuerpo emitía una estridencia agónica que la acercaba, poco a poco, al silencio definitivo. No entendía nada. Ella, que había estado siempre a su lado los últimos quince años, que le había dado un nombre, fama, dinero, éxito… ¿Así se lo pagaba?

No reconocía aquellas manos que ahora la destrozaban poco a poco. Tiempo atrás aquellas mismas manos la habían acariciado con delicadeza, con pasión e incluso con furia desatada, pero siempre de forma inofensiva y respetuosa. Aquellos dedos se habían deslizado por su cuerpo una y otra vez arrancando lo mejor de sus entrañas.

La desgraciada guitarra voló una última vez, impactando contra el asfalto. Al romperse en mil pedazos, pronunció una última exhalación en forma de do, re, mi, fa, sol, la, si, do.


EL SILENCIO CALLADO

Chessie Nan
Poesía Viva

No todos los silencios son iguales, el verano tiene un silencio distinto, con sonidos de grillos y ranas, de brisa fresca entre los árboles, de gotas de agua salpicadas de risa.

Hasta la luna en en el cielo estrellado parece que está más callada que nunca, escucha atenta los pasos humanos en su paseo nocturno sobre la hierba.

Y es en ese silencio callado donde todos los sentidos se retraen, se disuelven, desaparecen, se vacían en su vientre blanco.

Una ofrenda tácita, de común acuerdo, mientras danzas la vida en un claro de bosque, te llenas de todos los aromas, aceites y resinas. Entonces, sólo escuchas el silencio de tu propia humanidad y todo toma sentido.

Te sientes más vivo que nunca…

 

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