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Viajar, volar… ¿huir?

Textos: Laura González Vega (Psicóloga)
lauragonve@gmail.com

Hay muchas formas de viajar y muchos tipos de viaje. Se viaja por trabajo, por vacaciones, por ir a ver a un familiar, por irse a vivir fuera, por pasar una temporada en otros lugares, por conocer nuevos horizontes, por encontrarse con una persona… Se viaja hacia un lugar, un trabajo, una familia, un destino… y se viaja huyendo de uno mismo.

Cuando planeas un viaje es importante ver cuándo es el mejor momento, el dinero de que dispones, el tiempo, con quién vas a ir (con quién no)… y cómo estás tú.

Hay viajes vacacionales, de unos días, que te ayudan a desconectar de la rutina, del trabajo, del estrés y hacen un paréntesis en tu día a día, para que a la vuelta lo cojas con más fuerza. Hay viajes vacacionales en los que realizas tantas actividades, que desconectas, pero a la vuelta tendrías que pedirte vacaciones de las vacaciones.

Hay viajes que te invitan a volar. En los que tienes tiempo de irte lejos, descubrir otras culturas, la gastronomía, te empapas de la historia, de los paisajes, de sus gentes… y observas detalles en ti, que en tu día a día no habías sido capaz de ver.

Hay viajes de huida. Estos viajes son los más complicados. Cuando no te encuentras en tu mejor momento, sientes que estás perdido, notas que las cosas no fluyen y no sabes encontrar un camino, tienes constantemente una sensación de tristeza, enfado, nervios (a veces por separado, a veces todas a la vez) y decides viajar fuera. El pensamiento que hay debajo de la organización de este viaje es “si aquí me siento tan mal, voy a irme a otro lugar, que seguro que allí conseguiré encontrarme mejor”.

“Cuando planeas un viaje es importante ver cuándo es el mejor momento, el dinero de que dispones, el tiempo, con quién vas a ir (con quién no)… y cómo estás tú.”

A veces funciona. A veces se necesita cambiar de trabajo, de ciudad, dejar atrás personas tóxicas, coger aire nuevo… Pero teniendo en cuenta que te vas porque realmente eso es lo que necesitas, que alejándote de algo o alguien conseguirás una estabilidad para comprender todas esas emociones encontradas que hay en ti.

A veces no somos conscientes de esa huida. A veces creemos que lo que necesitamos es irnos, cuando no entendemos que de lo único que no podemos escapar es de nosotras mismas. Que la respuesta no está en otra ciudad u otro país. En este caso, el viaje que tienes que hacer es hacia ti, hacia tu interior. Este viaje sí que es duro, es un viaje de aprendizajes, descubrimientos, lágrimas, risas, sorpresas, cambios, encuentros y desencuentros.

Podría decir que ir a terapia es eso, un viaje en el que te embarcas y aunque al principio no sabes muy bien hacia dónde estás yendo y puede que, incluso, te de miedo, poco a poco vas descubriendo un paisaje diferente y vas vislumbrando a una persona que, aunque creías conocer, te sorprende con sus matices, con sus luces y sus sombras. Este viaje, es único, nadie podrá hacerlo por ti. El psicólogo sería como el copiloto que está a tu lado acompañándote y ayudándote a ver por dónde es el camino, cuando se te haya perdido la señal gps.

Así que, viajes como viajes, recuerda: lo importante es disfrutar del camino.

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